Un reciente estudio del Colegio Oficial de Psicólogos ha puesto de manifiesto algo que todos los linuxeros hemos comprobado durante nuestra andanza por estos mundos de Tux. Me refiero a la añoranza de algunos de los usuarios de Linux.
En el estudio se habla de múltiples casos reales de usuarios que habiendo probado Linux durante un tiempo decidieron volver a su sistema operativo anterior, ya sea Windows o Mac OS X, sin ningún motivo aparente. Los psicólogos americanos Josh McFly y Francis Waine se propusieron investigar estos casos y desvelar los motivos que llevaron a estos usuarios a hacer este cambio.
Uno de los casos que más me ha llamado la atención es el del usuario brasileño Felipe de Sousa. Su historia es la siguiente:
Se cambió a Ubuntu después de usar Windows durante toda su vida. Afirma que Ubuntu cambió sus perspectivas sobre el software y la manera de interactuar con el escritorio. Durante los siguientes 6 meses estuvo participando activamente en foros linuxeros ayudando y aprendiendo, hasta que un buen día desapareció y no se supo más de él. Al mes pudieron contactar con él y explicó que aunque Ubuntu suplía todas sus necesidades sintió un fuerte impulso de volver a Windows y no pudo remediarlo.
Según le contó a Josh, una tarde se dio cuenta de que faltaba algo en su vida. Después de mucho indagar en su interior descubrió la causa de ese agujero: la música de los keygens. Aunque no podía creérselo, la musiquita de esos programas para generar números de serie había creado una grave dependencia en su subconsciente, la cual le hizo volver irremediablemente a Windows.
Otro caso relevante es el de la española María Ruíz, residente en Pamplona. Ella cuenta que su novio, estudiante de Ingeniería Informática, decidió instalar Linux en su ordenador sin decírselo ni nada. Cuando ella encendió su ordenador y vio que todo había cambiado se cabreó en gran manera, y tuvo una fuerte discusión con su novio.
Después de una tensa lección intensiva sobre cómo manejarse en el escritorio de Linux, poco a poco logró hacerse con él y llegó a darse cuenta de que el cambio había sido a mejor. Todo iba de lujo, cuenta ella, hasta que un día una amiga le avisó de la nueva versión de Messenger Plus, con nuevos emoticonos que daban volteretas y recitaban poesías en griego antiguo con acento eslavo. Después de no poder dormir aquella noche, pensando en su cabeza si quedarse con Linux o volver a Windows y poder disfrutar del Messenger Plus, decidió hablar con su novio para que le instalara Windows de nuevo.
Su novio no tuvo más remedio que hacerlo, pero le dejó Linux en un arranque dual por si algún día quería volver.
Por último, quiero mencionar el caso de Richard LaFontaine que volvió a Mac OS X después de un día entero en el que todos los objetos le parecían manzanas mordidas. Sus uñas, la cabeza de su gato, el balón de fútbol, sus altavoces, el fondo del water e incluso sus ojos.
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